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“Esos cordones que hoy me permiten volar sobre el asfalto”

“Siempre que metas una canasta, acuérdate de mí”

Esta frase que a simple vista nada tiene que ver con el mundo del running, me une, de alguna forma, a una grande del baloncesto. Una frase que escuchó, en boca de su madre, Amaya Valdemoro, cuando tan solo tenía 18 años y era una promesa del baloncesto. Una frase que se quedó tatuada muy dentro. La misma frase que me dijo ella, mi madre, cuando tenía la misma edad, pero relacionada con otro mundo, el del atletismo. Así, no puedo evitar competir en una carrera, y que esa frase que escuché, a través del teléfono del hospital, hace ya tres años, se me repita en la cabeza y me dé el mejor empujón para llegar a meta. Una frase que se convirtió en mi lema, mi fuerza y mi estímulo.

Pero mi historia no comienza ahí. Soy Andrea (Sandi). Tengo 19 años y empecé corriendo a los 15 por obligación, o mejor dicho, sin ninguna motivación. Corría para despejarme en una época complicada, para volver con más fuerza, para pensar, supongo que porque necesitaba salir, literalmente corriendo. Al principio abría la puerta de casa y ya moría. Una obligación que el tiempo transformó en enorme pasión. Cuando empecé, jamás me imagine corriendo una carrera de 5 ni 10km, ni mucho menos, por mucho que hubiese soñado, me hubiese visto subiendo a lo alto de un pódium recogiendo trofeos. Jamás hubiese fantaseado con la idea de estar a las puertas de entrar en el equipo de atletismo de una universidad americana, ni hubiese sospechado planear encontrarme en la línea de salida de un medio maratón.

Todo esto se lo debo en gran parte a ella, por enseñarme que la palabra imposible no estaba en el guion, por enseñarme a lucharlo todo, a seguir, a ir más lejos. Fue ella la que me enseñó a atarme esos cordones que hoy me permiten volar sobre el asfalto. Me acuerdo que era una enana y me hizo quedarme toda una tarde sin parar hasta aprender a atármelos. No sé cómo me sigo preguntando de donde he sacado ese amor propio, fuerza de voluntad, ese afán de superación y ese carácter. Supongo que ya tengo la respuesta.

El valor del éxito compartido

El valor del éxito compartido

¿Mi Retto?

¡Seguir cumpliendo sueños! Para ello voy a correr mi primera media maratón en abril, después de una lesión que me ha dejado 2 meses parada y sin haber corrido nunca más de 10km. Quiero cruzar la meta con mi atleta favorita, mi amiga. Con ella corrí la primera carrera cuando éramos unas enanas, dándonos ánimos como podíamos y con unas zapatillas que, a saber de dónde las habíamos sacado. Por eso quiero acabar estos 21km y 97 metros con ella, porque sé que en equipo, juntas, todo es distinto, porque el deporte me ha enseñado el valor del éxito compartido. ¿Y mi otro gran sueño y locura para el cual os pido ayuda? Correr la prueba reina del fondo, la mítica, la más dura, la que genera leyendas. Correr la Maratón de Miami el 25 de enero de 2015. Una distancia de 42 km y 195 metros, una pasada. Todo un reto mental y físico. Quiero acabar mi primera maratón con 20 años y poder mirar arriba al pasar la línea de meta y decir: “Esto te lo dedico, por seguir dándome fuerza”

Miami Marathon

Miami Marathon

 

Posted by:

Sandi

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